Formando profesionales competentes

Por: Rocío Murcio Flores

En los últimos años las necesidades económicas del sector productivo, han orientado la oferta laboral hacia profesionales cuya capacidad para desempeñar un trabajo sea reconocida junto con los conocimientos adquiridos a través de la formación universitaria.

En 1998 la UNESCO expresa en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, que es necesario propiciar el aprendizaje permanente y la construcción de competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de la sociedad. Asimismo, ha señalado que las principales tareas de la educación superior han estado y seguirán estando ligadas a cuatro de sus funciones principales:
• Una generación con nuevos conocimientos (las funciones de la investigación)
• El entrenamiento de personas altamente calificadas (la función de la educación)
• Proporcionar servicios a la sociedad (la función social)
• La función ética, que implica la crítica social.

Esto ha significado un gran reto para la Educación Superior, donde ha surgido una nueva cultura académica basada en modelos educativos donde se propicia, mediante prácticas formativas, el desarrollo del estudiante para llegar a ser un profesional competente; dejando atrás los procesos de memorización y de aplicación de conocimientos de manera técnica, y convirtiéndose en sitios donde se debe propiciar la comprensión y transferencia de los conocimientos a situaciones de la vida real.

A modo de definición las competencias sintetizan conocimientos, habilidades y valores – contenidos que determinan respectivamente, el saber, el saber hacer y el saber ser propio del individuo -, pero no se reducen a éstos, en tanto son consideradas como una totalidad que tiene en cuenta también aspectos dinámicos del comportamiento como actitudes, motivaciones y otros personológicos que interaccionan y se configuran en dependencia de las necesidades del individuo (Suárez, C., et al. 2007).

Durante el proceso de estructuración de la competencia, cada individuo integra cuatro componentes: el componente cognitivo, el componente metacognitivo, el componente motivacional y las cualidades de su personalidad tales como la perspectiva temporal, la perseverancia, la flexibilidad, la reflexión personalizada y la posición activa que asume el sujeto en la actuación profesional (Castellanos et al, 2003); todos estos componentes al integrarse regulan la actuación profesional del sujeto. Aunque se pueden fragmentar sus componentes, éstos por separado no constituyen la competencia: ser competente implica el dominio de la totalidad de elementos y no sólo de alguna(s) de las partes.

En el proceso de enseñanza-aprendizaje, se deben considerar estos componentes y todo lo relativo a sus funciones, este proceso representa el espacio donde se sucede la apropiación e interiorización de la realidad; donde cobran sentido, se da significado y se logra concientizar por parte del profesional, las experiencias a partir de las relaciones que se han configurado en el nivel complejo de regulación que representa la personalidad (González, 2002).

Para ir cerrando la brecha que existe entre la educación universitaria y la práctica profesional, nuestro papel docente es crucial; la educación basada en competencias, logrará ser más efectiva, si mejoramos nuestra cultura académica, debemos partir de una educación flexible y permanente, donde nuestros métodos didácticos estén orientados a promover la participación, el trabajo colaborativo, a estimular el pensamiento de nuestros alumnos, con una actitud crítica y con capacidad de responder ante el cambio, todo en base a un conocimiento sólido y a la concientización de una realidad social.

Bibliografía:
Suárez, C., Dusú, R., Sánchez, M. Las capacidades y las competencias : Su comprensión para la formación del profesional. Acción pedagógica, Nº 16. 2007, pp . 30 – 39.
Consultado en línea: 6 de Agosto de 2010.
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2968554

González, V. ¿Qué significa ser un profesional competente? Reflexiones desde una perspectiva psicológica. Revista Cubana de Educación Superior. Vol. XXII No.1. 2002, pp. 45-53.
Consultado en línea: 6 de Agosto de 2010.
http://www.rieoei.org/deloslectores/Maura.PDF

González, V. La orientación profesional y curriculum universitario. Una estrategia educativa para el desarrollo profesional responsable. Editorial Laertes. 2004.
Consultado en línea: 6 de Agosto de 2010
http://www.laertes.es/fixes/curriculum.htm

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